lunes, 29 de noviembre de 2010

Domiciliar la nómina, un secuestro permitido

Que nuestras nóminas se han convertido en uno de los bienes más deseados para los bancos y cajas es un hecho indiscutible. Promociones y ofertas se amontonan en la televisión con el objetivo de convencernos para llevar la nómina al banco en cuestión.

En un principio puede parecer que los clientes tenemos la sartén cogida por el mango, y que podemos optar a diferentes promociones según a que bancos escojamos para domiciliar la nómina de la discordia.

Sin embargo la situación es bien diferente cuando requerimos, o mejor dicho necesitamos, los servicios financieros de cualquier entidad. En el caso concreto de la hipoteca la situación es harto evidente, ya que difícilmente saldremos de la oficina sin haber cambiado la domiciliación de nuestra nómina.

El problema aparece cuando empezamos a negociar condiciones como el tipo de interés, o mejor dicho, el diferencial sobre Euribor. En este caso uno de los requisitos imprescindibles para que podamos optar a un diferencial razonable será domiciliar nuestros ingresos.

Pero la cosa no se queda aquí, ya que a esta petición también se sumará la domiciliación de otros tantos recibos de luz, agua o teléfono, la contratación de un plan de pensiones, o el uso de tarjetas y seguros.

Es el momento de decir BASTA, pagaremos con creces el préstamo hipotecario solicitado gracias a los altos intereses que nos impondrán. No es necesario que además nos obliguen a contratar más y más servicios de alto coste en muchos casos.

Las organizaciones de consumidores deberían mover ficha y solicitar al banco de España que revise las clausulas que a diario firman miles de clientes al solicitar un préstamo hipotecario.

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