
La situación económica de nuestro país no pasa por uno de sus momentos más boyantes, y al igual que otros tantos países europeos nos tambaleamos por
la cuerda floja a la espera de que cualquier movimiento en falso nos precipite al vacío.
Tal es la situación a la que hemos llegado que el Gobierno
por fin ha decidido tomar las riendas. Solemos decir que más vale tarde que nunca, y aunque sea cierto son muchas las familias para las que las medidas llegan demasiado tarde.
Ante tal situación el Gobierno tomó una primera decisión consistente en aumentar los impuestos, una vía que engaña, y que aún pareciendo la solución para evitar los números rojos, en realidad es una trampa similar a una
reunificación de deudas que tan bien conocemos por este blog.
Antes de
subir los impuestos hay que hacer un análisis exhaustivo y ver por donde se está yendo el dinero para enmendar la situación, es decir, lo que se conoce como
contención del gasto público.
Por desgracia, se invirtieron los términos, y se decidió
subir los impuestos antes de contener el gasto. Esto provoca inevitablemente una sensación de desamparo al ver como se queman billetes con el dinero que tanto te cuesta ganar.
Difícil ha sido la decisión que ha tenido que tomar
el Gobierno en las últimas semanas, contención, y surgirán críticas de todos los colores, si bien es un primer movimiento en la dirección correcta.
Otras sugerencias para reorientarnos por
el buen camino serían la disminución del gasto público en proyectos innecesarios (
PlanE), subvenciones que aumentan el flujo de dinero negro, prestación por desempleo que desincentiva al trabajador y despilfarros en temas que no interesan al pueblo (de estos hay demasiados).
Por desgracia a estas alturas mucho me temo que la clase política ha logrado cansarnos a todos y no me extrañaría que las próximas elecciones sean una de las que cuenten con menor participación ciudadana. Mucho
maquillaje van a necesitar para enmendar la situación y ni así lograrán devolvernos la ilusión.